68 millones de niñas podrían ser víctimas de mutilación genital femenina en 2030

Se estima que tiene lugar en al menos 96 países de todo el mundo, con secuelas para muchas
68 millones de niñas podrían ser víctimas de mutilación genital femenina en 2030

15 minutos. Varias ONG denunciaron que unos 68 millones de niñas pueden convertirse en víctimas de la mutilación genital femenina de cara a 2030. Además, pidieron “tolerancia cero” hacia una práctica que refleja una “fuerte desigualdad de género y discriminación” contra las mujeres en decenas de países del mundo.

Con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, que se celebra el 6 de febrero, la organización Plan International señaló que el riesgo de ser sometida a esta práctica aumenta ante una “crisis o emergencia humanitaria”.

En un comunicado, la ONG explicó que la inseguridad provocada por los conflictos empuja a muchas familias a mutilar a sus hijas para poder casarlas forzosamente ante la falta de medios para subsistir. “El cierre prolongado de las escuelas y la falta de servicios sanitarios hacen que estas prácticas no sean detectadas a tiempo”, señaló la entidad.

Integridad física y moral

La mutilación genital femenina supone un “atentado contra la integridad física y moral” de las mujeres y pone en riesgo su vida, según el texto. Otros 2 millones de niñas podrían ser sometidas a esta práctica en el marco de la pandemia de coronavirus, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa).

“Los confinamientos, la pérdida de acceso a la educación y los servicios de salud sexual y reproductiva, así como la falta de redes de protección, han supuesto para millones de niñas un mayor riesgo de ser sometidas a mutilación genital femenina”, señaló Plan International.

Se estima que esta práctica tiene lugar en al menos 96 países de todo el mundo. Más de 200 millones de niñas y mujeres en 31 países presentan secuelas.

Concha López, directora general de Plan International, aseveró que “millones de niñas y mujeres en el mundo viven con las consecuencias de la mutilación genital femenina y muchas más están en peligro de sufrir esta práctica en los próximos años”.

Tolerancia cero

“Debemos mantener una política de tolerancia cero con esta práctica y trabajar en materia de sensibilización y educación para que avancemos en un cambio generacional que haga que las madres, padres y comunidades no perpetúen estas prácticas”, recalcó.

En este sentido, recordó que esta práctica “nunca es segura”, ni siquiera cuando la hacen profesionales de la salud. “No existe ninguna justificación médica para esta práctica. No tiene ningún beneficio para la salud y perjudica a las niñas, adolescentes y mujeres jóvenes. Hay muchos riesgos tanto a corto como a largo plazo: hemorragias graves, problemas para orinar, infertilidad, problemas durante las relaciones sexuales y el parto y problemas psicológicos”, manifestó.

El impacto de la pandemia

La pandemia de coronavirus está teniendo un impacto devastador en la tasa de mutilación genital femenina. Según Plan International, es necesario acelerar los esfuerzos para abolir esta práctica, que se vio acentuada.

“Las medidas para luchar contra el virus obligaron a niñas de todo el mundo a pasar más tiempo en casa y menos en la escuela, que suele ser un lugar seguro para ellas. Esta situación las deja en una situación todavía más vulnerable, más expuestas a sufrir cualquier forma de violencia de género”, recogió el documento.

En países como Somalia, un 61 % de la población de las regiones de Hargeysa y Burao considera que la práctica aumentó a causa de la pandemia. El 42 % estima que el incremento se debe a la imposibilidad de asistir a la escuela.

En Burkina Faso, aunque se prohibió en 1996, el 76 % de las mujeres del país de entre 15 y 49 años fueron víctimas, según Unicef. “He estado enferma 6 años. Es difícil sentarse y caminar, no puedes trabajar. La mutilación genital femenina me provocó estar así. El médico me dijo que no se puede tratar aquí, donde vivo, solo en el hospital”, relató Awa, una joven de Burkina Faso.

De generación en generación

Por su parte, la ONG World Vision hizo hincapié en la importancia de promover una política de “tolerancia cero” ante este tipo de prácticas. Una antigua responsable de llevar a cabo la mutilación genital femenina en Senegal explicó que la práctica se hacía “de generación en generación”. “Si te negabas, decíamos que no respetabas las normas sociales”, explicó Coumbayell Mballo.

“Para nosotras, era una oportunidad para educar a las niñas. Organizábamos una ceremonia una vez al año en el pueblo con unas 20 adolescentes”. Así lo explicó a la ONG Thiékédié Mballo, una antigua comadrona.

Recordó que las mutiladas eran encerradas y sometidas a castigos durante el proceso de curación. Se les “enseñaba a someterse a los hombres”. “Entre 2005 y 2010, la política del Estado por reciclar a las cortadoras no impidió que esta práctica continuara”, recordó Boubacar Fofana, especialista en protección de la infancia de World Vision.

“Desde 2009, con la puesta en marcha de un programa dirigido a las personas más mayores de la comunidad, las mentalidades evolucionaron. La ablación era considerada patrimonio de las abuelas de la familia, la persona más influyente sobre la madre de la niña. Su creencia era que una mujer sin cortar era impura”, matizó.

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