15 minutos. Cuando la pandemia empezaba a golpear Colombia, una anciana de la Alta Guajira soñó que el virus iba a llegar a las comunidades indígenas e iba a matar a mucha gente. Fue entonces cuando el pueblo wayú comenzó a protegerse de la COVID-19, mezclando su medicina y normas más ortodoxas.
En el sueño, los espíritus le decían que para prevenir la muerte era necesario que bailasen la yonna, la danza reservada para agradecer o armonizar el territorio. También debían darse baños con hierbas naturales como la bija y llevar una pulsera roja, color que simboliza la sangre del parto y la primera menstruación.
Los wayú han combinado estas tradiciones con protocolos más estandarizados, como los tapabocas o el lavado de manos.
La COVID-19 pasó casi desapercibida en La Guajira, la zona más desértica del país, hasta este año, pero desde marzo la curva se disparó y solo ahora se comienza a aplanar.
Más aislados
“Cuando llega la pandemia nosotros no estábamos preparados de ninguna manera”. Así lo contó la autoridad tradicional de la comunidad de Jepimana María Cristina Epieyuu.
Redujeron contactos y en muchos casos dejaron de ir a los núcleos poblados a vender sus artesanías, mochilas y bolsos elaborados con hilos de colores que son casi su único sustento.
En esta “ranchería” que está a medio camino entre la capital departamental Riohacha y la denominada capital indígena del país Uribia falta red eléctrica, y como en muchas otras del departamento, también el agua.
El molino que sacaba el agua subterránea llevaba años dañado, así que las 25 familias de Jepimana y sus animales dependían de un pozo manual con poca capacidad.
En esta comunidad de casas de barro y hamaca ahora el molino vuelve a girar en la entrada. La ONG Oxfam ayudó a su sustitución en un programa de prevención de COVID-19 financiado por la Agencia Europea de Cooperación (ECHO).
Tés y baños
En un departamento wayú donde viven unas 880.000 personas, ha habido 41.894 casos y 1.317 fallecidos por COVID-19. La falta de documentación de casos es muy grande.

“No consultan al hospital o a la (Institución Prestadora de Salud) IPS donde están afiliados porque tienen miedo. Han visto muchos casos que se llevan a los pacientes, los intuban en el hospital y dicen que regresan muertos”, aseguró la promotora comunitaria de Oxfam Ana Flor Ipuana.
La ONG, que ha hecho campañas de prevención en decenas de comunidades y repartos de kits de bioseguridad, comenta que el nivel de conciencia de las comunidades es alto. Sin embargo, ante los primeros síntomas muchas veces la solución es callar.
“En la comunidad wayú hubo personas que fallecieron, pero no sabemos exactamente si fue por COVID-19 porque no se hicieron pruebas”, dijo Epieyuu. Ella misma padeció la enfermedad, y se curó en casa con hierbas tradicionales, dijo.
“Desde la lógica occidental creemos que la sanación nos la provee el médico, pero para algunas comunidades indígenas es el sabedor ancestral el que les provee la sanación y la posibilidad de recuperar su armonía“. De esta forma lo subrayó el jefe de la Oficina de Promoción Social del Ministerio de Salud Alejandro Cepeda.
Para la gripa y congestión, Aura María Epieyuu, maestra de Jepimana, afirmó que se cocina la raíz de wararat junto a hierba de amamú y se toma en infusión tibia. Cuando comenzaron los rumores, “todos los wayú empezamos a beber bija porque aleja los malos espíritus y las enfermedades”.
“Así la ciencia no haya comprobado su efectividad para nosotros ha sido de bastante ayuda“, aseguró Epieyuu.
Vacunas
El Gobierno ha querido tener en cuenta este “saber ancestral” en su intervención. “Hay que entender que las condiciones de salud propias y las ‘occidentales’ son complementarias, no excluyentes y ninguna tiene que estar por encima de la otra”, sostuvo Cepeda.
Ahora el reto viene de la vacunación. En Jepimana, casi todos están vacunados. “Ha sido un tema bastante complejo“.
“Ha habido muchos mitos acerca de la vacuna y hay otras mentes que son muy débiles que dicen que no porque la vacuna es lo que les va a matar”, explicó la líder de Jepimana Virtud Epieyuu.
Según cifras parciales del Ministerio de Salud, ya se han vacunado 112.500 indígenas en todo el país. Cepeda dijo que quieren “seguir apostándole a su sabiduría ancestral, pero también ser conscientes de que la vacuna es una acción complementaria para salvaguardar su vida y la de sus comunidades”.